Uno de los edificios más altos de América Latina combina sostenibilidad, una estética impactante y resistencia sísmica, logrando una sorprendente fusión de seguridad y lujo.
La Ciudad de México, el centro urbano más poblado de Norteamérica se asienta sobre una meseta ondulada a 2,240 metros sobre el nivel del mar. Rodeada de montañas y volcanes, la región experimenta una alta actividad sísmica, lo que impone exigencias significativas sobre el parque inmobiliario de la ciudad.
En este desafiante entorno se alza la Torre Reforma, un ícono arquitectónico de 246 metros de altura, la segunda torre más alta del skyline capitalino. Su distintivo diseño triangular no pasa desapercibido.
Inspirado en la arquitectura mexicana del siglo XVIII, reinterpretada con una visión contemporánea, su forma prismática combina dos fachadas revestidas con azulejos y una tercera con una diagrid de vidrio y acero. Esta última cuenta con un vestíbulo elevado que ofrece vistas privilegiadas de la ciudad y del cercano Parque Chapultepec.
A pesar de su esbelta apariencia, la torre de uso mixto alberga aproximadamente de 40,000 m² distribuidos en oficinas, un centro de conferencias, instalaciones deportivas y locales comerciales. También cuenta con diez niveles subterráneos destinados a estacionamiento y servicios generales.
Un rascacielos verde en las alturas
Ganadora del Premio Internacional de Rascacielos 2018, esta torre de 57 pisos es una de las más sostenibles de América Latina. Su diseño ambientalmente responsable y sus sistemas de eficiencia energética la convirtieron en una de las primeras edificaciones de la región en obtener la certificación LEED Platino.
Su estructura tipo “libro abierto”, con dos lados revestidos y una rejilla estructural abierta, permite espacios libres de columnas que optimizan la ventilación e iluminación natural. Gracias a su diseño estilizado, la luz del día penetra profundamente en el edificio, reduciendo el uso de energía eléctrica.
Los espacios compartidos cuentan con ventilación natural, mejorando la calidad del aire interior. Un sistema automatizado abre las ventanas antes del amanecer, permitiendo que el edificio “respire” aire fresco y expulse el aire más cálido de su interior.
La Torre Reforma también integra sistemas avanzados de conservación de agua, incluyendo la recolección de lluvia, reutilización de aguas grises y tratamiento de aguas residuales. Su sistema de refrigeración de alta eficiencia, construido en acero, emplea almacenamiento de hielo, lo que permite operar durante cortes de energía y reduce los costos operativos.
Incluso el estacionamiento está automatizado mediante un sistema robótico que optimiza espacio y ventilación.
Un elemento distintivo del proyecto es la incorporación total de una casa histórica de los años 1920 en el vestíbulo principal. Para ello, se construyó una nueva base suspendida con soportes de acero, lo que permitió trasladar la casa durante la obra y devolverla a su lugar una vez terminada la estructura principal.
Un logro de ingeniería sísmica
La Torre Reforma fue diseñada para enfrentar la alta actividad sísmica característica de la región. Su fachada de concreto entrelazado y su estructura de acero tipo diagrid utilizan diseño sísmico basado en desempeño, lo que permite mitigar vibraciones y proteger la integridad de la estructura.
El núcleo y las cerchas estabilizadoras se adaptaron para soportar fuerzas de viento extremas y cargas sísmicas intensas. El núcleo, ubicado estratégicamente cerca del centro de gravedad del edificio, trabaja en conjunto con la malla estructural de acero para brindar soporte y estabilidad a cada piso.
Además, en las fachadas laterales se instalaron ventanas de acero de triple altura cada cuatro niveles, lo que permite flexibilidad estructural sin comprometer la integridad del muro.
El equipo de ingeniería analizó información sísmica equivalente a 2,500 años de actividad para simular cómo respondería la torre ante distintos tipos de terremotos. Gracias a estos estudios, se espera que la Torre Reforma pueda resistir cualquier movimiento sísmico que pudiera ocurrir en México en los próximos dos mil quinientos años.
Construida en acero, sustentable, bella y segura, Torre Reforma representa el verdadero poder de la ingeniería moderna y la innovación en la construcción.
Imágenes: Torre Reforma, Arup
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